La calidez del ambiente navideño, marcado por las luces del árbol y la chimenea encendida, se empañó drásticamente durante la cena familiar en el comedor. Una pequeña niña vestida con un tierno traje rojo de terciopelo gritó aterrorizada al sentir la presencia amenazante de una anciana vestida con un suéter rojo, quien parecía dispuesta a castigarla o reprenderla bruscamente.

Al percatarse del peligro, una mujer de vestido verde acudió en auxilio de la pequeña para protegerla. Sin embargo, la anciana, llena de rabia y desprecio, agarró un plato de sopa caliente y se lo arrojó directamente al pecho de la mujer, manchando por completo su vestido. Con el rostro desencajado por la furia, la anciana le gritó con desdén:

—¡Mocosa insolente! ¡No la toques!

La niña rompió a llorar desconsoladamente al ver la agresión. Sin embargo, la mujer de verde no era un ser humano común. Tras recibir el golpe con la comida caliente, permaneció erguida y reveló su verdadera naturaleza: su brazo izquierdo era una prótesis robótica cibernética de alta tecnología.

Mirando fijamente a la anciana con una expresión glacial y amenazante, la mujer activó los mecanismos de su brazo robótico, cerrando su mano de metal en un puño sumamente poderoso. Con una voz firme y cargada de ira, le sentenció:

—Cometiste un gran error.

Antes de que la anciana pudiera reaccionar, la mujer la agarró con su brazo cibernético y la empujó con una fuerza descomunal. La anciana salió despedida hacia atrás y cayó de golpe contra el suelo del salón, quedando completamente reducida e indefensa.

De pie sobre ella, con el puño cerrado y la mirada ardiendo de indignación, la mujer cibernética le gritó con voz potente, dando por terminada la agresión:

—¡Lárgate de mi casa!